
Desde los primeros encuentros entre colonos y naciones indígenas hasta la moderna aplicación de la ley de inmigración, Estados Unidos ha recurrido al desplazamiento forzado, la deportación y la exclusión como herramientas de control. Naciones indígenas, africanos esclavizados, comunidades negras libres, minorías religiosas, inmigrantes asiáticos, familias mexicanas y mexicoamericanas, estadounidenses de origen japonés y grupos de inmigrantes más recientes, todos se han enfrentado a ella. Las razones cambian —expansión territorial, seguridad nacional, temores económicos o prejuicios raciales—, pero la lógica subyacente se ha mantenido inquietantemente consistente.
La colonización europea en el siglo XVII trajo consigo el desplazamiento casi de inmediato. La Guerra del Rey Felipe (1675–78) en Nueva Inglaterra dejó a los sobrevivientes asesinados, esclavizados o vendidos en el extranjero, sentando un precedente para las remociones masivas. Las misiones españolas en California y el Suroeste confinaron a los pueblos indígenas en sistemas de trabajo forzado y borrado cultural, creando modelos para políticas posteriores.

Después de la independencia, el nuevo Estados Unidos siguió un camino similar. Tratados como el Tratado de Greenville (1795) despojaron a las naciones indígenas de millones de acres en el Valle de Ohio. Estos acuerdos, coaccionados tras derrotas militares, normalizaron la idea de que la tierra podía tomarse por la fuerza y luego legalizarse mediante papel.

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Las minorías religiosas no fueron inmunes. En 1838, el gobernador de Misuri emitió una “Orden de Exterminio” que exigía la expulsión de los mormones, obligando a miles a huir. Sin embargo, en el exilio, el grupo asumió otro papel. Al migrar hacia el oeste a la Gran Cuenca en la década de 1840, los mormones se convirtieron ellos mismos en colonizadores. Su asentamiento en Utah provocó enfrentamientos violentos con las naciones indígenas, incluida la Guerra Walker (1853–54). Lo que comenzó como supervivencia se convirtió en expansión, mostrando cómo los grupos desplazados en una era podían perpetuar ciclos de remoción en otra.

Remoción y Expansión
Estos precedentes culminaron en la Ley de Remoción de Indígenas de 1830 (Indian Removal Act). La política otorgó al gobierno federal autoridad para desarraigar naciones nativas por completo. Los pueblos Cherokee, Choctaw, Creek, Chickasaw y Seminole fueron obligados a abandonar sus tierras natales en el Sureste y marcharon hacia el “Territorio Indígena”. Decenas de miles murieron en el Sendero de las Lágrimas (Trail of Tears), mientras que millones de acres se abrieron para el asentamiento de personas blancas.
Los seminolas de Florida resistieron con mayor ferocidad, ayudados por comunidades negras libres que habían huido de la esclavitud. Esta alianza hizo que ambos grupos fueran objetivos. Las fuerzas estadounidenses no solo buscaban apoderarse de tierras indígenas, sino también desmantelar los asentamientos negros libres, tratándolos como amenazas a la institución de la esclavitud. Aquí, la lógica de la remoción convergió: la soberanía indígena y la libertad negra fueron vistas como incompatibles con la expansión de Estados Unidos.

El comercio transatlántico de esclavos trajo a millones de africanos a las Américas encadenados. Su trabajo forzado se convirtió en la columna vertebral de la economía estadounidense, y la jerarquía racial se cementó en la ley y la cultura. La esclavitud fue en sí misma un sistema de remoción: arrancando a las personas de sus tierras, familias e identidades, mientras las excluía violentamente de la pertenencia a la nación que ayudaron a construir.
Incluso después de la abolición de la esclavitud, la exclusión cambió de forma. La Ley de Exclusión China de 1882 (Chinese Exclusion Act) se convirtió en la primera ley federal en prohibir explícitamente a toda una nacionalidad. Enmarcada como protección de los trabajadores estadounidenses, fue impulsada por estereotipos raciales y temores de competencia económica. La ley introdujo la deportación como un mecanismo formal y creó un modelo para la política de inmigración racializada.

Deportaciones de la Era de la Depresión: Repatriación Mexicana
Durante la Gran Depresión, las familias mexicanas y mexicoamericanas se convirtieron en chivos expiatorios de la escasez de empleos. Entre 1 y 2 millones de personas fueron deportadas o presionadas a la repatriación “voluntaria”, a pesar de que hasta el 60% eran ciudadanos estadounidenses. El patrón se repitió en la Operación Espalda Mojada (Operation Wetback) (1954), cuando redadas barrieron campos, fábricas y vecindarios, deportando a cientos de miles. Ambos episodios revelan cómo las crisis económicas convirtieron a las comunidades vulnerables en blancos.
La Segunda Guerra Mundial trajo otra ola de remoción. Después del ataque de Japón a Pearl Harbor, unas 120,000 personas de ascendencia japonesa, la mayoría ciudadanos estadounidenses, fueron reubicadas por la fuerza bajo la Orden Ejecutiva 9066. Las familias perdieron negocios, granjas y hogares mientras eran retenidas en campos interiores. Nunca se probó ninguna evidencia de deslealtad. Los historiadores ahora reconocen ampliamente esto como uno de los ejemplos más evidentes de histeria racializada en tiempo de guerra sancionada por el poder federal.

A finales del siglo XX, la aplicación de la ley de inmigración se tejió en el marco legal estadounidense. La IIRIRA de 1996 (Illegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Act) amplió los delitos deportables y redujo la revisión judicial. Después del 11 de septiembre, la creación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) redefinió la inmigración como un asunto de seguridad nacional. Hoy en día, la detención y deportación masivas siguen siendo fundamentales para la política de EE. UU. Los informes muestran que la mayoría de los detenidos no tienen antecedentes penales, sin embargo, están confinados bajo una lógica de disuasión y control que se hace eco de épocas pasadas.

Por Qué Persiste el Patrón
Los científicos sociales identifican lógicas recurrentes detrás de estos ciclos:
- Lógica colono-colonial (Patrick Wolfe): La remoción indígena no es una anomalía, sino una característica estructural de los estados colonos.
- Teoría del chivo expiatorio (René Girard): En tiempos de crisis, las minorías se convierten en símbolos de culpa —los mexicanos durante la Depresión, los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.
- Teoría de la Identidad Social (Tajfel & Turner): Los grupos internos imponen el dominio excluyendo a los grupos externos.
- Deshumanización (Nick Haslam): Despojar a los grupos de su “humanidad” permite la violencia y la coerción.
- Pánico moral (Stanley Cohen): Los líderes y los medios amplifican las amenazas, justificando medidas extremas, desde el “peligro amarillo” hasta el “extranjero criminal”.

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A lo largo de los siglos, la remoción forzada ha cambiado de forma: guerras de conquista, tratados coaccionados, expulsiones religiosas, prohibiciones de inmigración racializadas, deportaciones masivas, encarcelamientos en tiempos de guerra y detención moderna. Se han atacado a diferentes grupos en diferentes momentos, pero la lógica permanece constante. Cuando quienes están en el poder perciben una amenaza (para el territorio, la economía, la religión o la seguridad), la remoción se convierte en la solución. Reconocer estas continuidades replantea los debates actuales sobre inmigración y pertenencia. No son disputas aisladas, sino parte de un ciclo largo que solo puede romperse aprendiendo de la historia en lugar de repetirla.
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