Venezuela inicia el diálogo respaldado por Estados Unidos sin la participación de María Corina Machado

Casi siete meses después de que Estados Unidos capturara a Nicolás Maduro, Venezuela empezó a negociar su futuro político. La mujer que, según la oposición y gran parte de la comunidad internacional, ganó las elecciones de 2024 no está en la mesa.

El gobierno de facto de Venezuela y un sector de la oposición iniciaron el sábado 1 de agosto en Caracas un diálogo respaldado por Estados Unidos para definir una hoja de ruta hacia elecciones. La delegación oficial la encabeza Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. La delegación opositora está encabezada por Dinorah Figuera, expresidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, la última controlada por la oposición durante la era chavista y la única que Washington sigue reconociendo como legítima.

Figuera regresó a Venezuela en junio de 2026 tras años de exilio, días antes de los terremotos gemelos del 24 de junio que dejaron más de 5.000 muertos. Su regreso y su reunión con Jorge Rodríguez marcaron el primer paso público hacia estas negociaciones, anunciadas a mediados de julio como un plan de trabajo para “fortalecer la democracia” y atender a las víctimas del desastre sísmico.

Las conversaciones llegan casi siete meses después de que una operación militar de Estados Unidos capturara al expresidente Nicolás Maduro en enero, poniendo fin a más de una década en el poder. La agenda incluye reformas institucionales, condiciones electorales y garantías para la participación política, según los organizadores.

La ausente es María Corina Machado, laureada con el Premio Nobel de la Paz en 2025 y la figura opositora más popular del país, según encuestas citadas por analistas. En un comunicado firmado junto a Edmundo González Urrutia, el candidato presidencial de 2024, Machado afirmó que su movimiento no participará “en el diseño, desarrollo ni operación” del proceso. “No nos corresponde a nosotros explicar su alcance y sus decisiones”, escribió. “Quienes lo impulsan deben informar al país sobre sus objetivos, su método y su cronograma.”

Machado, quien vive exiliada principalmente en Estados Unidos desde el año pasado, ha intentado regresar a Venezuela sin éxito: la administración de Donald Trump ha bloqueado ese regreso, según reportó World Politics Review, al calcular que Rodríguez resultaría un socio más manejable que Machado para garantizar estabilidad en la transición poschavista. Aun así, Machado dijo que no se interpondría “en ninguna iniciativa que produzca avances reales” y prometió: “Volveremos a Venezuela.”

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, viejo aliado de Machado, dijo a periodistas que ella sería bienvenida en el proceso “si los venezolanos respaldan su presencia allí” y remarcó que Washington actúa como facilitador, no como quien dicta los términos. “Para que Venezuela tenga la reconciliación que ese país requiere para avanzar en todos estos otros proyectos, cada elemento de la sociedad venezolana necesita estar representado”, dijo Rubio.

No todos en la izquierda chavista respaldan el formato. El legislador socialista Francisco Arias criticó en la red social X que se negocie un proceso “aprobado únicamente por quienes dirigen el gobierno de Estados Unidos” y exigió que cualquier acuerdo se someta después “al país, al pueblo de Venezuela”.

El politólogo Orlando Pérez calificó de “jugada inteligente” la decisión de Machado de no sentarse a la mesa: le permite exigir resultados sin cargar con la responsabilidad si el proceso fracasa o se estanca. Pero la pregunta de fondo no depende de la táctica de nadie: un acuerdo negociado sin la candidata que, según la oposición y observadores internacionales, ganó las elecciones de 2024 tendrá que demostrar que puede representar a un país que ella ayudó a movilizar como nadie más lo ha hecho en la Venezuela reciente.


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